Nápoles y 298km por hora

Roma, 22 de enero

Después de las aventuras del día anterior, nos tocaba aprovechar al máximo este último día en el sur de Italia, y nuestro plan era darle prioridad a Nápoles, ciudad que tuvimos que evitar ayer por la huelga. Salimos de St. Agnello nuevamente con lluvia, aunque eso no nos detuvo de pasearla un poco para conocer lo que de noche no pudimos apreciar. Es un lindo pueblo, y el loft que alquilamos estaba súper. Tomamos el tren seguros de que podíamos tomar todos los que quisiéramos usando nuestro Eurail. En esa estación nadie nos pidió nada y seguimos y con esa lógica paramos en un pueblito cualquiera, con la libertad de escoger y nos quemamos porque no había absolutamente nada que ver. La propia estación era fantasma, el abandono total. 

 La necesidad de un baño nos llevó al siguiente pueblo medianamente equipado, Erculano, que tiene movimiento turístico por sus tours de subida al Vesubio. En un café paramos un rato a descansar y comer algo y luego seguimos camino a Nápoles.
 
 Ahí recién descubrimos que nuestro Eurail no nos servía en esta ruta, pues la Circumvesubiana no era operada por Trenitalia, así que estuvimos viajando por negro toda la mañana. Ya en la ciudad, finalmente, empezamos a perdernos por el centro, previa escala técnica inesperada para aprovechar unas rebajas difíciles de ignorar en un Cotton&Silk. Nápoles es caótico, desordenado, sucio y muy estrecho, y sin embargo, tiene un encanto especial, una personalidad propia, algo que se perdería si pintaran las paredes y limpiaran un poco. El caos es parte de su sello, de su forma de ser. No hicimos un tour específico, ni teníamos muy claro que ver o hacer, pero paseando entramos a una iglesia que nos llamó la atención y resultó ser una abandonada en la que se realizaba una exposición de un autor muy particular, que hace obras con lapicero BIC principalmente. Llegamos sin planearlo, pero fue un lujo verlo y ver cómo se fusionaba la Expo con el espacio. Muy interesante. Luego seguimos caminando hasta llegar a la famosa Catedral napolitana. 

 Primero nos impactó por fuera y tomamos algunas fotos pero fue al entrar que entendimos porque era tan famosa. Para empezar es enorme, con "subcapillas" en su interior que son impresionantes en su mismas. El altar es gigante, había múltiples órganos de distintos tamaños, modelos y colores, casi como una tienda, y la cripta de San Genaro es algo definitivamente especial. Le dimos la vuelta entera y luego seguimos camino por el barrio, en busca de un Bansky muy famoso (The Madonna with the Gun) que entendíamos estaba muy cerca de ahí.   

 
  A pocas cuadras efectivamente lo encontramos,sacándonos el clavo de ver uno en persona, cosa que ninguno había hecho antes.   

Finalmente, paseamos por la via dei Tribunali, disfrutando el caos y la vista de las callecitas que la cruzaban. Finalmente encontramos un lugar donde comer que nos permitiera experimentar de primera mano la famosa sazón napolitana. Por lo pronto, el spaghetti a la carbonara resultó de campeonato, con su vino más. 
 Cansados pero contentos, regresamos a la estación para embarcarnos hacia Roma donde nos esperaban. Gracias al Eurail pudimos reservar asientos en el tren rápido de regreso, llegando en una hora y disfrutando del lujo y engreimiento de viajar en primera en tren. Andrés no cabía en sí de felicidad con los 294 kph.   

 
En Roma nos recibieron con una deliciosa cena casera y empezamos a prepararnos para el siguiente destino al día siguiente, Istanbul.

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