Florencia intimidante
Florencia, 16 de enero
Florencia despierta con campanas. Pero son tantas iglesias a la vez, que no se pueden contar las horas. Ayer llegamos a la estación de trenes y caminamos hasta los hospedaje, impresionados por la mezcla de imponentes edificios antiguos y la modernidad entretejida con ellos. A donde sea que se dirija la mirada, es sorprendida por algo espectacular. Llegamos ayer, molidos del viaje nocturno en coche, de explorar Cinque Terre, y famélicos por la infructuosa lucha por comida. Hallar el hospedaje fue un reto: si bien no parecía tan difícil hallar el número uno en una calle de dos cuadras, pero el primer número uno no era el correcto. Al final dimos con un segundo número uno empotrado entre el número 19 y 21.
Nos recibió un intercomunicador, e indicaciones de una voz cuya amable propietaria que recién vimos el próximo día. Nuestro cuarto era pequeño, pero con techos altísimos, pintados, pues había sido un palacete.
Caminamos todo el día por Florencia. Bueno, no exactamente, descansamos hasta el mediodía para recuperar fuerzas y salud, afectadas por la noche en carro y las caminatas el día posterior. Necesitábamos una buena pausa si es que no queríamos caer enfermos.
Cuando salimos, nos dirigimos primero hacia el río, como el Ponte Vecchio ( el cual podríamos describir como un puente poblado desde el medioevo, hoy hogar de joyerías), cruzamos por otro y almorzamos en un simpatiquísimo lugar, decorado de manera ecléctica pero coherente. Resultó ser una franquicia con locales en varias ciudades de Italia.
Desde ahí nos fuimos a la caza de domos, íbamos hacia cuanto cúpula viésemos a lo lejos. Vimos la inmensa catedral, y caminamos un buen rato para rodearla.
Pedimos un helado y aprendimos que nunca debemos olvidar preguntar el precio. Pasamos a través de la casa de los Medici, entramos al patio equivocado buscando al David, y regresamos por las calles nocturnas.
Antes de guardarnos compramos en el supermercado para complementar lo que recibíamos como desayuno y para prepararnos para los próximos días. Eso siempre sale muy a cuenta.
Florencia despierta con campanas. Pero son tantas iglesias a la vez, que no se pueden contar las horas. Ayer llegamos a la estación de trenes y caminamos hasta los hospedaje, impresionados por la mezcla de imponentes edificios antiguos y la modernidad entretejida con ellos. A donde sea que se dirija la mirada, es sorprendida por algo espectacular. Llegamos ayer, molidos del viaje nocturno en coche, de explorar Cinque Terre, y famélicos por la infructuosa lucha por comida. Hallar el hospedaje fue un reto: si bien no parecía tan difícil hallar el número uno en una calle de dos cuadras, pero el primer número uno no era el correcto. Al final dimos con un segundo número uno empotrado entre el número 19 y 21.
Nos recibió un intercomunicador, e indicaciones de una voz cuya amable propietaria que recién vimos el próximo día. Nuestro cuarto era pequeño, pero con techos altísimos, pintados, pues había sido un palacete.
Caminamos todo el día por Florencia. Bueno, no exactamente, descansamos hasta el mediodía para recuperar fuerzas y salud, afectadas por la noche en carro y las caminatas el día posterior. Necesitábamos una buena pausa si es que no queríamos caer enfermos.
Cuando salimos, nos dirigimos primero hacia el río, como el Ponte Vecchio ( el cual podríamos describir como un puente poblado desde el medioevo, hoy hogar de joyerías), cruzamos por otro y almorzamos en un simpatiquísimo lugar, decorado de manera ecléctica pero coherente. Resultó ser una franquicia con locales en varias ciudades de Italia.
Desde ahí nos fuimos a la caza de domos, íbamos hacia cuanto cúpula viésemos a lo lejos. Vimos la inmensa catedral, y caminamos un buen rato para rodearla.
Pedimos un helado y aprendimos que nunca debemos olvidar preguntar el precio. Pasamos a través de la casa de los Medici, entramos al patio equivocado buscando al David, y regresamos por las calles nocturnas.
Antes de guardarnos compramos en el supermercado para complementar lo que recibíamos como desayuno y para prepararnos para los próximos días. Eso siempre sale muy a cuenta.

Comentarios
Publicar un comentario