Viena en tránsito
Viena, 29 de enero
Llegamos a las 8 y media a la moderna estación de Viena. Inmediatamente fuimos a reservar los próximos trenes, pudimos reservar el tren nocturno a Zurich y los asientos para el que nos llevase de ahí hasta Ginebra. Más allá no, los siguientes trenes eran franceses y no podíamos reservarlos desde Austria. Tendríamos que averiguarlo en Ginebra. Dados los precios, esta vez no optamos por un compartimento solo para los dos, sino por lo más económico con cama: uno compartido con 6 literas. Total, la cosa era poder dormir en horizontal y no en silla.
Dado que nuestro ticket Eurrail era primera clase pudimos entrar a la sala de espera especial (habíamos optado por ello ya que la diferencia de precio con uno de segunda no era grande, y el de primera tenía varios beneficios que nos resultaron de utilidad, entre ellos el uso de Lounges y más posibilidades de conseguir espacio). En realidad se suelen usar para esperar que salga el tren, no al llegar, pero descansamos un poco y desayunamos ahí.
Luego salimos a la fría calle, a tomar el tranvía hacia la casa de nuestra amiga Malena. Lo bonito del tranvía en Viena es que se puede ver muchísimos edificios característicos, es casi como unos de esos buses de Sightseeing.
El largo viaje en tren: Día 3
La mañana nos alcanzó en medio de otro paisaje nevado. No habíamos dormido mal, a pesar del control de pasaporte en la frontera con Hungría (Curtici, aproximadamente 2 am) y, si no recuerdo mal, en la entrada a Austria (7am) - los controles eran cada vez más relajados, al final nos sellaban los pasaportes en el tren policías vestidos de civil.
Luego salimos a la fría calle, a tomar el tranvía hacia la casa de nuestra amiga Malena. Lo bonito del tranvía en Viena es que se puede ver muchísimos edificios característicos, es casi como unos de esos buses de Sightseeing.
Malena nos recibió bellamente, ya había preparado la cama para que pudiésemos dormir un rato (le habíamos escrito que nos hacía falta), nos alimento, conversamos bonito. Ella, al enterarse que íbamos a Europa, nos había preguntado si en el viaje pasábamos por Viena a visitarla, y le dijimos que no estaba en los planes. Pero el viaje sí nos llevó hacia Austria, ¡y le escribimos el día anterior desde el tren que estábamos en camino! Impredecibilidades de este viaje ...
Descansados, salimos en la tarde a pasear, entrando a un típico café vienés para tomar un café vienés.
En la noche tomamos el tranvía de regreso a la estación y volvimos al Lounge, ahora sí a esperar a que saliese nuestro tren.
Cuando finalmente salió, nos dimos con que nadie más viajaba en ese compartimento, lo teníamos solo para nosotros!
Eso sí: el conductor insistió mucho en que cerrásemos la puerta con tres pestillos, nos enseño como hacerlo, y realmente recalco en la importancia de medidas de seguridad, que si íbamos al baño el otro igual cerrase, etc. - ¡pues entre 12 y 2 am había muchos robos! ¿Qué? ¿En el tren entre Austria y la mismísima Suiza? Nos pareció exagerado, habíamos percibido los trenes en Turquía y en el Bloque Este como bastante seguros. Pues no era exageración. Casi a la una, Cecilia acababa de volver del baño, aún estábamos leyendo en nuestras literas, la puerta se movió: Cecilia había cerrado mal dos pestillos, pero el tercero, cual cadena que permite una rendija, bloqueó a quien quería abrir. Miramos hacia la puerta y divisamos un ojo observando un ratito hacia dentro, buscando con la mirada ... ¿qué? ¿Si había equipaje cerca, si valía la pena entrar, si estábamos despiertos? Difícilmente era alguien buscando un compartimento vacío, que no lo estaba probablemente fue obvio al trancarse la puerta. Luego el ojo desapareció, Andres cerró bien los pestillos, y luego de un rato se durmió, aunque Cecilia tuvo sus problemas para conciliar el sueño tras esta sorpresa.

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