Festejando Berlín

Berlín, 12 de febrero 2019



La venida desde París fue algo insomne. Habíamos optado por no reservar coche-cama como en los demás viajes nocturnos. En Francia, las reservas son carísimas, las más caras que hallamos; a pesar de ya tener el ticket mismo, la mera reserva excedía €70 por persona. La opción más económica fue tomar un tren rápido y dormir en los asientos. Ya que el costo era igual para primera y segunda, nos pasamos a primera, suponiendo que habría ahí menos gente y más tranquilidad. Menos gente sí, pero no tranquilidad: nos pudimos acomodar bien, pero casi en cada estación (no eran muchas, pero era de madrugada) pasaba una procesión por los pasadizos, haciendo imposible dormir bien.

Lo bueno de este viaje fue quien la primera parada, en la ciudad de Colonia, entre 21 y 23 de la noche, pudimos echarle un vistazo a la catedral. El "Kölner Dom" es una de las catedrales góticas más altas, fue iniciado en el siglo XIII y ¡terminado en el IX! Saliendo por la puerta de la estación de trenes estaba ahí nomás - y hasta ahí nomás llegamos, pues dado el frío y el cansancio (y además casi todo estaba cerrado), lo miramos y volvimos a entrar. 

En la estación todo fue cerrando, al final quedamos en bar a tomar una cerveza local hasta que llegó nuestro ICE hacia Berlín. Llegamos antes de las seis de la mañana, así que buscamos un lugar donde sentarnos y desayunar, y protegernos del frío. Al inicio nevaba. Teníamos que hacer tiempo antes de ir hacia el departamento prestado, ya que teníamos que pedir la llave a la vecina del amigo que nos lo ponía a disposición. Más o menos a las 8 am, bajo una leve llovizna, llegamos al departamento que nos había ofrecido Lutz, gracias a la ayuda de su hijo, nuestro querido amigo Moritz. Andrés estaba emocionado: estaba a una cuadra de donde él había vivido durante 10 años. Eran por lo tanto las mismas calles, los mismos lugares que el había recorrido cotidianamente hace ahora 10 años. El departamento, cálido y precioso constaba de una habitación, una pequeña cocina y un pequeño baño. Perfecto; fue nuestro hogar hasta el 12 que nos fuimos.

Ese primer día, el 5 de febrero, descansamos a pata suelta. Dormimos más o menos todos el día, solo en algún momento Andres fue al supermercado a comprar comida. Al próximo día desayunamos con sus tíos, Nadjma y Martin, con un lindo despliegue de implementos a engullir. Luego buscamos zapatos (Andrés tiene esta obsesión con la calidad de zapatos alemanes) y regresamos a casa. En la noche salimos un rato a caminar por uno de los diversos centros de la ciudad, por Kurfürstendamm (centro comercial de la Berlin occidental), y entramos a un local de Jazz que encontramos por accidente: The Hat Bar. Buena música bajo los arcos del tren (cuyo paso hacía vibrar un poco la barra), el trío improvisaba con una batería, un contrabajo y algo que parecía un Banjo. Después de alimentar el alma con cultura y bebida espirituosas, fuimos a alimentar el cuerpo con una Currywurst frente a la estación Zoo. Esa cosa, que se supone es típica, es una salchicha con Ketchup y polvo de Curry. 


Día 2
Al próximo día Esther, la prima de Andres, nos había invitado a la obra de teatro para niños en la que participaba, "Zwerg Nase" (El enano Narizotas), de Wilhelm Hauff, un autor romántico que murió muy joven. Llegamos un poco corriendo: a Andrés se le ocurrió usar DriveNow, una aplicación que te permite tomar carros por un alquiler de minutos, fuimos en un simpático MiniMinor, pero luego no hallábamos dónde estacionar - por eso al final llegamos jadeantes. Nos gustó mucho la obra, una linda escenificación con 3 actores en todos los papeles. Saliendo almorzamos con ella en Lula, un lugar que tenía una pared de panes, y que servía unos platos consistentes en una descomunal papa aderezada. Realmente grande el tubérculo, costaba terminar el plato. 


De ahí nos dirigimos hacia Potsdamer Platz, a ver uno de los museos favoritos de Andres: el Museo de instrumentos musicales. Lo conocía bien pues inclusive había llevado ahí un seminario en sus épocas universitarias (Historia de la construcción de Pianoforte en Musicología con el director del museo del aquel entonces), así que se la pasaba explicando a la pobre Cecilia cómo funcionaba cada parte. Impresionante en especial fue el órgano Mighty Wurlitzer, construido en los años 20 para acompañar películas en vivo con todo tipo de sonidos. Para hacerse una idea: lo que reproduce esos sonidos está repartido en 3 habitaciones, más de 1200 pipas y diversos instrumentos de percusión, una locura. Ok, hoy en día eso se halla en bancos de sonido de sintetizadores y caben en un USB, pero no es lo mismo. 
En la tarde fuimos a la Fruit Logística, una feria de alimentación, en especial productos frescos. En ella coinciden de alguna manera trabajos de nosotros dos: Cecilia justamente había estado editando en PromPeru folletos para esta feria, y Andres trabajó en ella cuando vivía en Berlín como fuerza local. Así que visitamos el stand de Perú, hallándonos con conocidos viejos y nuevos, e inclusive con un primo de Cecilia. Luego nos perdimos un poco por el inmenso complejo ferial, pues Cecilia tenía el encargo de observar un poco la competencia. Terminamos tomando cerveza en un stand de Austria. 

Día 3
El 8 fue el único día del viaje en el que nos separamos: Andrés fue todo el día a Hamburgo, a hablar con un profesor que le había ayudado mucho en el 2014, para retomar contacto, mientras que Cecilia se quedó en Berlín. En la noche (después de que él, por llegar rápido, nuevamente metió la pata con DriveNow: 7 minutos para llegar y 30 para hallar estacionamiento), salimos a un bar irlandés, Celtic Cottage, donde Cecilia degusto dos cervezas irlandesas mientras que Andrés se debatía entre los 80 Whiskeys que ofrecían (pero logró decidirse por dos).

Día 4
Al próximo día al fin pudimos ir al barrio en el que pasó Andrés sus primeros 2 años berlineses: Kreuzberg. Paseamos por el parque, por el canal, hasta pudimos entrar al patio de Ratibor 9 para ver de afuera el depa en el que vivió. Si bien en la foto se ve hielo sobre el canal, no hacía tanto frio (de hecho, para ser febrero eran días relativamente calurosos), así que pudimos sentarnos en un café al lado del canal y reponernos del tour por recuerdos.

En la tarde fue el estreno en la Berlinale de "Waiting for the Carnival", la película dirigida Marcelo y coproducida por Ernesto, el hermano de Cecilia. Para Marcelo es el primer documental, y fue un honor asistir al estreno mundial. Retrata vida y pensamiento de la capital brasileña del jean, Toritama.  Después de la película cenamos con ellos en un restaurante Italiano, muy rico y muy ameno.

Día 5
El siguiente día era cumpleaños de Andres, hace 10 años que no lo había festejado en Berlín. Había convocado a un brunch desde las 11 en un local cercano de decoración muy ecléctica y agradable.

Fueron llegando lentamente varios amigos, como una docena en total. Hubo un problema que lo convertimos casi en un juego: contaban solo con mitad de personal, así que todos los pedidos demoraban una eternidad. Michael nos dio el ejemplo: bajo a la barra a recoger los pedidos él mismo, casi y él mismo se sirvió el café, así que la dinámica de ir a ayudar al personal se volvió parte de la cita. Fue una reunión muy bella.
En la noche nos reunimos con los tíos y primos de Andrés para cenar en un restaurante Thailandés. Cuando ya nos íbamos y él fue a pagar, se le abalanzaron para evitarlo los tíos con tanto ímpetu que la chica que iba a cobrar casi huye despavorida.
Después de la cena Cecilia volvió a la casa y Andrés se fue con un amigo, Tobias, a ver otra peli.

Día 6
Nuestro penúltimo día en Berlin solo fue parcialmente berlinés: tomamos a primera hora un tren a Braunschweig. Raro, cada vez que habíamos mencionado que ese día nos iríamos a esta ciudad, todo el mundo preguntaba extrañadísmo "¿¿Pero qué hacen ustedes en Braunschweig??". Esperábamos un lugar frio y abandonado, pero no era tal, estaba bonita la ciudad y tampoco era tan chiquita. Habíamos ido a visitar a Moritz, a conocer su casa, su esposa y a su hija. Nos recibió con un bello desayuno, y luego él nos enseño su huerta. No es un jardín que pertenece a la casa, sino es como una parcela que se alquila en algo así como un huerto comunal. En alemán se llaman Schrebergarten; surgen en el S. XIX como espacios naturales saludables para contrarestar los efectos de la industrialización.
Moritz nos guió por su jardín en el que surgían las primeras plantas de fin de invierno, los primeros sarmientos. Tiene un universo de bayas, frutas, etc., quedamos fascinados, y al final brindamos, guarecidos de una corta granizada, en la pequeña cabaña que tiene ahí.

Luego de ello fuimos a recoger con su esposa a la niña al nido (con juegos tan divertidos que a Andres le provocaba quedarse) y almorzamos con ellos. Regresando de Braunschweig cenamos con Lutz, su familia, y mucho vino. 

Día 7
Al próximo día pensábamos aún pasear un poco. Cecilia fue a desayunar con Ernesto mientras que Andrés se fue a conseguir aún un par de cosas. Al final estábamos tan cansados, que con terminar de hacer maletas y ordenar, ya solo salimos hacia el aeropuerto. 

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